Santiago de Chile, lunes 20 de diciembre de 2004, actualizado a las 12:04 hrs.
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Lunes 20 de diciembre de 2004

Observaciones de radiotelescopio CBI:
"ADN" del universo al descubierto

Richard García


El CBI es un radiointerferómetro de trece radioantenas.
Foto:SCIENCE



Instrumento instalado en Chile a partir de 2005 intentará mirar lo que ocurría un segundo después del Big Bang.


Richard García

Cada noche un grupo de ingenieros electrónicos chilenos se turna para tomarle el pulso al radiotelescopio Cosmic Background Imager (CBI), una especie de máquina del tiempo hacia los orígenes del universo.

Trabajan en un contenedor en la planicie de Chajnantor (II Región), a 5.080 metros de altitud. Afuera el instrumento escudriña las señales del cielo.


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La información recolectada desde el desierto de Atacama viaja al día siguiente por internet hasta EE.UU., donde la espera con ansiedad Anthony Readhead, astrónomo del Instituto Tecnológico de California (Caltech).

No es raro. Los resultados que ha conseguido este instrumento están revolucionando la forma de ver el comienzo de todo. Readhead vino a mostrarlos este mes en una charla que ofreció en la Escuela de Astronomía de la Universidad de Chile, entidad que también participa en el proyecto.

El CBI apunta al espectro de la radiofrecuencia. Su objetivo principal son las microondas y un tipo especial de ellas: radiación de fondo del universo. Es nada menos que la huella del génesis, una radiación que en su origen era luz visible, pero la expansión del cosmos la ha transformado en ondas de radio.

El instrumental recupera esa información para que los expertos la interpreten. Así, han determinado que esa radiación no es uniforme, sino que muestra pequeñas variaciones. Estas fluctuaciones amplificadas gracias a CBI corresponden a las semillas que dieron forma a todo el universo conocido, desde los cúmulos de galaxias hasta nuestras células y sus genes.

Como explica Rodrigo Reeves, ingeniero eléctrico chileno a cargo del CBI, tras el Big Bang (hace 13.800 millones de años), el universo era como un huevo en expansión, tan denso, que la radiación no podía escapar. Con la materia convivían como un todo.

Pero en algún momento, 380 mil a 400 mil años después de la explosión, el universo se hizo lo suficientemente frío para que los electrones y protones se combinaran para formar átomos y los fotones, que hasta entonces chocaban con los electrones, finalmente escaparon en la forma de luz. Ésa es la radiación que después de viajar por el tiempo y el espacio hoy nos llega.

Ese universo era viscoso como un fluido y parecía uniforme, pero a pequeña escala detectaron ondas de propagación que iban provocando acumulación y vacíos de materia.

Grandes consecuencias

En las imágenes obtenidas de la radiación aparecen como bolitas de color más oscuro (que identificaron por primera vez en enero de 2000) en los registros que muestran las variaciones de temperatura. Esas fluctuaciones, que corresponden a una diez millonésima de grado, son las que en el futuro (unos 600 a 800 millones de años después) originarán los primeros cúmulos de galaxias. Reeves dice que si no se hubiesen producido, el universo se habría expandido como una bola de luz sin producir materia.

Estas semillas primigenias constituyen una especie de ADN cósmico, ya que permiten inferir tamaño, edad, geometría y monto de energía y materia presentes.

La información proporcionada por estas fluctuaciones favorece la teoría de la materia oscura. Ello porque, según Readhead, la densidad de las fluctuaciones encontradas es apenas 3% tan grande como para convertirse en cúmulos de galaxias mil millones de años después. Eso indica que algo que no vemos y que no forma parte de nuestra materia interactuó para evitar que las futuras galaxias se dispersaran.

Esto es complementado por una energía tan fuerte que permite la expansión del universo, algo como una presión negativa sobre la materia y que actúa hasta hoy. Los expertos la llaman por ahora energía oscura.

Una modificación del CBI en 2002 con la ayuda de técnicos chilenos lo habilitó para obtener imágenes polarizadas y permitió apuntar al detalle de estas fluctuaciones. Así captaron el eco de esa sopa original y el movimiento de esas semillas en su camino a desarrollarse como galaxias.

Su nuevo descubrimiento, publicado en octubre, mereció la portada de "Science".

Ahora quieren apuntar más fino. Su sueño es captar el eco del proceso de inflación del universo cuando tenía un segundo y la antimateria recién se había separado de la materia. Para captar esa misteriosa información emplearán un nuevo instrumental que incluirá una red de miniantenas que apuntará a las señales más lejanas y tenues.

Reeves estima que los primeros resultados estarían en 2006.

Las galaxias se formaron por la contracción gravitacional de regiones del universo más densas que el promedio.

Ficha:

"La única razón por la que este proyecto pudo continuar fue gracias al destacado grupo de ingenieros chilenos que trabajó en su actualización". Anthony Readhead, astrónomo.